Los
prejuicios resultan peligrosos: son venenosos y además te engañan.
Por ejemplo, oyes que Jaime
Anglada actúa en el Real Club Náutico de Palma de Mallorca
y te imaginas a un pijo guapo con ínfulas de Bruce Springsteen
(mejor, de Bryan Adams, que liga más modelos). El edificio de sospechas
se cae cuando te informan de que Jaime sólo tiene una relación
laboral con el citado enclave de la jet set europea y monárquica.
"Trabajé en una tienda
en el Náutico y tengo buenos amigos allí que se han cuidado
de que pueda tocar cuando hay una oportunidad". Con la misma naturalidad,
te desinfla las reservas respecto al truculento tema que da título
a su primer disco, Dentro de la noche, donde es interpelado por
una puta callejera, pero rechaza su oferta y se emborracha solo: "¡Ocurrió
de verdad! Estaba en Alicante y me sentía profundamente solo.
Pero no tenía mucho dinero. De hecho, alguna noche tuve que cantar
en la calle para poder tomar un autobús que me devolviera al pueblo
donde estaba mi barco".
"Perdón", aclara, "el
barco en el que yo estaba enrolado". Jaime,
de 24 años, ha sido marinero hasta que llegó "esto de la
música". Marinero a sueldo, a salto de mata. Y no por un sentido
de la aventura: evita el tema, pero intuyo que |
tuvo que ser el sostén (económico)
de su familia en tiempos penosos.
Y lo de la música. Mallorca
tiene una escena muy cosmopolita, aunque Jaime
no se sienta identificado con sus últimos representantes: "Que me
disculpen si estoy equivocado, pero no creo que lleve a ningún lado
el cantar temas propios en inglés". Él conecta con una tradición
anterior, esa secuela del gusto por el folk y el blues
y los cantantes compositores californianos que sucesivas oleadas de hippies
y bohemios dejaron en la isla, "desde Kevin Ayers para adelante".
Surcos desgastados
Su escuela fueron los discos "tocados hasta desgastar
los surcos" y los grupos informales montados para bares bulliciosos: "Muchos
amigos me comentan que en el disco hay un exceso de referencias al alcohol
y a la noche, cuando resulta que ésas son las circunstancias en
las que nos conocimos".
Y tal vez todavía estaría
pateándose esos escenarios para noctámbulos de no haberse
cruzado en su camino Juanjo Arzubialde. Promotor bien relacionado internacionalmente
--él trae cada año el festival Womad--, el vasco se quedó
prendado de esas crónicas adolescentes empapadas de romanticismo
tan ardiente como soleado. Y utilizó sus contactos para que Anglada
dispusiera de un equipo all stars en su debú discográfico.
"Impresiona", confiesa, "tener
como |
productor a Roger Eno. No porque
sea hermano de Brian, me impresiona saber que es un tipo muy selectivo
en gustos, poco aficionado al rock actual; y que, sin embargo, se entiende
maravillosamente con un novato como yo". Lo mismo con la saxofonista Kate
St.John, que ha hecho los arreglos de viento en Dentro de la noche.
"No termino de asimilar que ella sea la misma mujer a la que Van Morrison
saluda con tanto respeto en su disco Live. Y que tome el avión
desde Londres para tocar conmigo. Aparte de su valor como instrumentista,
Kate es una mujer muy carismática y cada noche tengo que protegerla
de, uh, los buitres".
El propio Jaime
es atractivo y ha tenido que resistir algún intento de promocionarle
como rockero para calentar entrepiernas. Con pasmosa inocencia tampoco
entiende que su novia se preocupe ante una concatenación de circunstancias
que ahora le lleva a tocar ante miles de personas, con las consiguientes
tentaciones. "Sólo pido que se entienda que éste es mi primer
disco, que recoge una serie de canciones hechas con pasión, sin
pensar en que podían ser escuchadas y criticadas". Exacto: que le
disculpen las equivocaciones y se le permita seguir exponiendo las ternuras
de un corazón que conoce muchas simas y algunas cumbres.
Texto: Diego. A. Manrique. |